Capitalismo afectivo: la imaginación al poder (texto del blog Una antropóloga en la Luna)
"Nosotros
somos siempre la solución, puesto que nosotros creamos los problemas"
Comentario
satírico de los corredores de Bolsa de NY, Gran Depresión de 1929.
"Necesitamos
agregar una noción de equilibrio entre el trabajo y la vida (...) pues la
competencia capitalista no se limita a la mera expansión global del mercado,
sino que también incluye las geografías locales de la emoción."
Arlie Russell Hochschild. (La
mercantilización de la vida íntima).
No
hay nada imposible, arriesga, emprende, innova, transforma, persigue tus
sueños…
Mindfulness,
design thinking, inteligencia emocional, coaching, felicidad creativa, think
tanks, empowerment, emprendizaje y autosuperación…
Parece
que por fin se han escuchado los lemas de la contracultura de los años 60 o del
mayo del 68. ¡Imaginación al poder! gritaban los jóvenes en La Sorbona hace
unos cincuenta años, que alentaban a la creatividad, a romper los moldes, a la
aventura.
Pero,
¿y la desigualdad, el desempleo, la pérdida de garantías jurídicas y sociales…?
Quizás es que no hay alternativa, quizás solo nos queda adaptarnos, surfear
felices en un precario equilibrio soñando con alzarnos en las olas del cambio
permanente.
“La
creatividad institucional del ser humano sólo ha quedado en suspenso cuando se
le ha permitido al mercado triturar el tejido humano hasta conferirle la
monótona uniformidad de la superficie lunar” escribió Polanyi. En
la superficie lunar sólo nos queda seguir esos discursos que nos aleccionan a
ser emprendedores y nos exigen ser empleables (capital humano) y flexibles,
tener disponibilidad permanente para el cambio de empleo continuo y con
condiciones de trabajo cada vez más inestables y menos reguladas. En
este modelo post-fordista, los empleos ya no son para toda la vida.
Desinstitucionalizado,
flexibilizado e individualizado el uso social del trabajo, debemos esforzarnos
por formarnos y reciclarnos, crear empresas propias o autoemplearnos sorteando
todas las trabas burocráticas. Todos somos empresarios de nosotros mismos. En
este contexto aparecen los discursos de la inteligencia emocional y afectiva
(imaginación, creatividad, riesgo…) como única manera de maquillar la angustia
que genera esta inestabilidad y descontrol laboral y vital. Y evolucionar, es
decir, ser capaces de sacar rentabilidad a todos los proyectos laborales y
vitales.
Esto
no es nada nuevo, de hecho, es una vuelta atrás. Dos sociólogos franceses, Luc
Boltanski y Ève Chiapello (El nuevo espíritu del capitalismo) explican que
estas cualidades, (la autonomía, la espontaneidad, la movilidad, la
pluricompetencia, la disponibilidad, la creatividad, la intuición visionaria,
la sensibilidad…) están sacadas directamente del repertorio de Mayo de 1968.
“Sin embargo, estos temas, que en los textos del movimiento de mayo de 1968
iban acompañados de una crítica del capitalismo” ahora están “puestos al
servicio de las fuerzas que antes trataban de destruir”.
“La
crítica de la forma en la que el capitalismo industrial aliena la libertad es,
de este modo, separada de la crítica de la alienación mercantil, de la opresión
de las fuerzas impersonales del mercado”.
“El
capitalismo ha encontrado en sus críticas la manera de garantizar su
supervivencia”.
“La
utopía del último management es más bien una retropía, se ha inventado (o
mejor, reinventado) el individualismo carismático y superviviente del pionero”
nos explican, por su parte, los sociólogos Luis Enrique Alonso y Carlos J.
Fernández Rodríguez. “Cada vez más radicalmente a una apelación constante al
riesgo, la individualización, el cálculo personal, la naturalización de la
inseguridad y el darwinismo social disimulado bajo todos los lenguajes tecnológicos,
políticos y psicológicos”.
La
vuelta al darwinismo social responsabiliza al individuo de su situación, ya que
no sabe adaptarse en estos vaivenes constantes, del ritmo frenético de las
innovaciones tecnológicas y la competencia feroz. Los más rezagados, los que
son incapaces de autorealizarse al extremo, tienen las terapias como solución.
«La afirmación de que una vida no autorrealizada necesita terapia es análoga a
la afirmación de que alguien que no utiliza al máximo el potencial de sus
músculos está enfermo, con la diferencia de que en el discurso psicológico ni
siquiera está claro qué califica como un “músculo fuerte”» Eva Illouz,
socióloga (La salvación del alma moderna).
En
un contexto carente de certidumbre alguna, expuestos a situaciones de angustia
en una realidad que apenas podemos comprender y controlar, ya no vale la
previsión ni la racionalidad burocrática, sino el gurú místico, seductor y
carismático (del sáncrito “gurús”, maestro) que nos ayuda en un mundo en
metamorfosis permanente, a hacer surfing sobre esas olas del cambio.
“Es mejor
ser pirata que alistarse en la marina” decía Steve Jobs.
Más
que soldados fieles, nos exhortan a ser piratas y dar rienda suelta a nuestra
creatividad y pensamiento intuitivo frente a las trabas de la burocracia, de la
racionalidad, del control estructurado. Y sin embargo “por el más viejo
principio burocrático, hasta la lucha contra la burocracia genera más
burocracia” advierten Luis Enrique Alonso y Carlos J. Fernández Rodríguez, eso
sí “esta vez dirigida a construir normativamente los intereses de los mercados
internacionales.” Reglamentaciones, proyectos, controles, verificaciones…
normas y directivas cada vez más detalladas y precisas. Tratados, controles,
bloqueos normativos de fronteras (no tanto para las cosas sino para las
personas) que construyen ese “desencanto al desencanto” del que hablaba el
antropólogo Ernest Gellner. Es decir, un estado asocial, apolítico que crean
las jaulas que ya no son de hierro (de racionalización, cálculo, eficiencia
tecnológica y control), sino de goma (de coacción flexible a través de
discursos emotivos y místicos…) pero mucho más competitiva e individualizada
que la anterior. Vuelve el cálculo egoísta adornado con un envoltorio de
felicidad, inteligencia emocional y resiliencia, y vuelve la competencia del
más fuerte demonizando a las “personas tóxicas”.
Para
la adhesión y el compromiso continuo al capitalismo, “se reincorpora aquello
que en buena medida, puede cuestionarlo, es decir, el espectro de los afectos”
escribe el filósofo Alberto Santamaría en “Los límites de lo posible”. Las
emociones en sí mismas son motores de cambio político, pero sometidas a un
autocontrol (inteligencia emocional), dentro de la producción y fuera del
impulso político, pueden ser perfectamente productivas dentro del sistema
neoliberal. “La creatividad, por ejemplo, ya no es un proceso crítico,
cuestionador del sistema reglado, como en el romanticismo, sino una herramienta
necesaria en la gestión y dirección de empresas”.
“En
el régimen neoliberal de la autoexplotación uno dirige la agresión hacia sí
mismo. Esta autoagresividad no convierte al explotado en revolucionario, sino
en depresivo.
Hoy
el poder adquiere cada vez más una forma permisiva. En su permisividad, incluso
en su amabilidad, depone su negatividad y se ofrece como libertad.
La
psicopolítica neoliberal está dominada por la positividad. En lugar de operar
con amenazas, opera con estímulos positivos. No emplea la ‘medicina amarga’,
sino el "me gusta". Lisonjea el alma en lugar de sacudirla y
paralizarla mediante shocks. La seduce en lugar de oponerse a ella. Le toma la
delantera. Con mucha atención toma nota de los anhelos, las necesidades y los
deseos (…). La psicopolítica neoliberal es una política inteligente que busca
agradar en lugar de someter.” Byung-Chul
Han (Psicopolítica, neoliberalismo y nuevas técnicas de poder).
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